CABILDO - Por la Nación contra el caos |
DEMOCRACIA YCORRUPCIÓN Del último Campeonato de Corruptos, no discutiré los porcentajes resultantes, más que dudosos, porque otros se ocuparon con mayor solvencia. Ya hemos dicho que, como la democracia nada tiene que ver con elPoder, las elecciones solamente procuran determinar qué traidores a la Patria la venderán en años próximos. Naturalmente, siempre obedecerán a los mismosmandantes, encarnados en los vencedores de la batalla de Malvinas. Porque nuncahay que olvidar que la democracia es el castigo que nos impusieron por elatrevimiento de querer una Patria soberana. Y todos los “gobernantes”constitucionales son cómplices del sistema, en calidad de verdugos del pueblode la Nación condenada por los verdaderos Poderes. Y nada hay que esperar delas Fuerzas de Ocupación que cambiaron de bando el 14 de junio de 1982. Pero está claro que este es un año muy deportivo para losverdugos y aspirantes a verdugos de la Argentina. Un auténtico campeonato decorruptos. Porque es sabido que, mientras sigan siendo siervos útiles a losPoderes, todos los crímenes serán impunes y los argentinos pagaremos otrasveces la deuda externa, enriquecimientos ilícitos, prevaricatos judiciales,encarcelamientos ilegales, silencios y mentiras de los medios, Madres y Abuelasde hijos de… ellas, aviones de parricidas e indemnizaciones dedesaparecidos-aparecidos, jueces prostibularios de todo “género”, legisladoresde leyes inmorales, etc., etc. Todas calamidades que han de quedar necesariamente impunes,porque son partes del castigo al que estamos sometidos. No se piense que únicamente son delitos las variadas formas dehurto o de peculado y la persecución de los disidentes. Hace tiempo sabemos queno hay aberración prohibida, aunque sí estén prohibidas muchas verdades yvirtudes; y sabemos que hay pecados que “claman al cielo” que son alabados, yjusticias perseguidas. Delitos más graves aún son los atentados al Bien comúnen cuanto ordenamiento moral de la sociedad, como escandalizar a los niñoslegislando la educación pornográfica en “salud reproductiva”; o pretenderseparar lo que Dios ha unido, mediante la estafa del divorcio; o permitirdepravaciones contra todo ordennatural y sobrenatural, y, como cifra de todo, atentar contra la Realeza Socialde Cristo, negándola o desafiándola. Y tal como ya Aristóteles apuntaba, los malos gobiernoscorrompen al pueblo, porque un pueblo corrupto es el negocio del Tirano. Eneste último Festival de la Delincuencia, ha quedado demostrado que a la mayoríade las masas que devoran los restos de Argentina, no hay corrupción que lemoleste. Nada hay reprobable que repugne a la mayoría electoral. Todo ellistado de crímenes contra la virtud de la Justicia, es aceptado festivamentepor la mayor parte de votantes, probablemente confiando en aquello de “Hoypor ti, mañana por mí”. Es que, aceptada la rebelión contra Dios que se impusiera enaquel Artículo 33 de la Constitución apóstata de 1853, que ahora reformada secompleta con el 37 y otros; y aceptada la tiranía de la partidocracia por el38, no hay donde hacer pie para fundar la justicia de las leyes. Para colmo, el artículo 36 nos condena a un castigo perpetuo, yaque no habría modo constitucional de corregir los errores y mejorar el sistema.Entonces no hay más fuente de legalidad que la soberanía popular, expresada porla mayoría electoral manipulada por los partidos, para llamar bien al mal y malal bien, y resultar la supuesta ordenadora de la moralidad social y lascostumbres. Las leyes sin justicia expresan la calidad de la soberanía popular. Y así tiene que ser. Porque, si Democracia es soberanía populary no Soberanía de Cristo, Democracia es subversión moral. Si la realidad es unorden jerárquico esencial que empieza en el Acto Puro y desciende gradualmentehasta la materia informe, pasando por ángeles, hombres, bestias y vegetales,también los espíritus están jerarquizados de Dios para abajo, del Uno hacia lomúltiple. Así que si damos el máximo rango a la multitud atribuyéndole laAutoridad de regir, legislar y juzgar, propia del concepto opuesto, se laestamos negando a Jesucristo, “Judex noster, Legifer noster, Rex noster”. Es decir que si habría formas de democracia jerárquica yrespetuosa de un orden moral objetivo quedan fuera de la Constitución yprohibidas de hecho por inconstitucionales. Por eso no queda más remedio quedefinir a esta democracia como subversión, como sistema de corrupción ydelincuencia institucionalizada. No es que todo aspirante a ser electo seainmoral, pero si tiene éxito, no le será fácil permanecer decente, sin pactarcon la delincuencia mayoritaria y gobernante, y sin hacerse cómplice de lacorrupción del pueblo. No hay otra solución política que la sanmartiniana. Desde los crímenesunitarios y las tiranías liberales, esta es la historia constitucionalargentina, resumida por el General San Martín, mejor que por ningún otro: “Veinticincoaños en busca de una libertad que no sólo no ha existido, sino que en estelargo período de opresión, la inseguridad individual, la destrucción defortunas, desenfreno, venalidad, corrupción y guerra civil, han sido el frutoque la Patria ha recogido después de tantos sacrificios” (Carta a TomásGuido, 17 de diciembre de 1835). Según San Martín, la causa de estos males no eran tanto losgobernantes que cambiaban, como las ideologías y constituciones liberales: “No en los hombres es dedonde debe esperarse el término de nuestros males; el mal está en lasinstituciones, y sí solo en las instituciones”. De nada serviría llamar a elecciones para cambiar otra vez depersonas, si no se cambia la Constitución: “Hace cerca de dos años escribí aUd., que yo no encontraba otro arbitrio para cortar los males que por tantotiempo han afligido a nuestra desgraciada tierra, que el establecimiento de ungobierno fuerte, o más claro, absoluto, que enseñase a nuestros compatriotas aobedecer. Yo estoy convencido que cuando los hombres no quieren obedecer a la Ley, no queda otro arbitrioque la fuerza”… (idem, del 17 de diciembre de 1835). “El hombre que establezca el orden en nuestra Patria: seancuales fueren los medios que para ello emplee, es el solo que merecerá el nobletítulo de su Libertador” (id., 1° de febrero de 1834). A partir de 1835 empieza la Dictadura de Juan Manuel de Rosas. Ycambia el humor del Padre de la Patria, que ve realizado su proyecto. Aunque hayan nacido en este suelo, no tienen alma argentinaquienes rechazan el juicio de San Martín sobre el ejemplo patriótico de Rosas,poniendo una accidental y discutible forma de gobierno por encima del bien comúnde nuestra Patria. Los desastres de esta democracia tampoco nos hacen felices.Vendimos la Patria por un plato de lentejas que, encima, son amargas yvenenosas. Y no nos arrepentimos ni hacemos penitencia por adoptar un sistemaextranjero y por renegar de “la defensa de la Religión Católica Apostólica yRomana” que se enunciaba en todo estatuto o proclama institucionalhasta Caseros, como lo más constitutivo y constitucional de la Nación. Aunque la destrucción de lo humano siga siendo presentada comoun “progreso” y el encierro de la libertad como el derecho, la inflación comoun éxito, el saqueo como “redistribución”, etc., etc., la infelicidady los sufrimientos argentinos no tendrán valor de penitencia, si no hayarrepentimiento y no hay propósito de enmienda. Hay salvación, pero empieza por el arrepentimiento, lapenitencia y la enmienda que es aceptación del Salvador, también en lasinstituciones secularizadas. Marcial Castro Castillo |
No hay comentarios:
Publicar un comentario