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jueves, 17 de noviembre de 2011

Libia: pensamiento imperial y democracia global.

LIBIA

Por Eliades Acosta Matos 

Los videos sobre el linchamiento de Muamar el Gadhaffi, y el degollamiento de uno de sus hijos fueron inicialmente conocidos gracias a Al Jazeera, no a la CNN, ni Reuters, ni Deutsche Welle, ni TVE, ni Fox News, ni la BBC. Estas, con la pulcra disciplina de los mayordomos, solo obedecían la consigna de transmitir poéticas y enternecedoras imágenes de sus Freedom Fighters. Puede revisarse la iconografía publicada de esta nueva operación imperialista y se comprobará que se trata de una cuidadosa puesta en escena; la construcción de una moderna poética de la contrarrevolución y el hegemonismo neocolonialista. Y fue efectiva: de inicio, el mundo calló y aceptó como bueno un crimen monstruoso, cometido contra el pueblo libio y sus líderes, tanto como el que, en su momento, cometiesen estas mismas fuerzas del pasado contra Lumumba, el Che, Salvador Allende o Nurden Mohamed Taraki.

Puede aceptarse que Gadhaffi, y su propia coherencia como líder revolucionario, no llega a la altura de los demás mencionados, pero también es inaceptable que, a pesar de sus errores y limitaciones, hagamos con nuestro silencio, el juego al imperialismo y al colonialismo que lo masacraron junto a su pueblo. Adoptar una actitud vergonzante ante un genocidio monstruoso, como el que presenció, impasible, el mundo, es validarlo. Y otorgar un cheque en blanco a los asesinos para que continúen matando.

No importa, en rigor, si Gadhaffi cometió errores o no permitió en su país el rejuego político, al estilo occidental. Esas eran cuestiones a resolver por los libios, no por Estados Unidos ni la OTAN. Tampoco si tenía un colorido guardarropa, cuatro enfermeras ucranianas, o era custodiado por un cuerpo de bellas amazonas. No caigamos en la trampa de la trivialización imperial. El error de Gadhaffi, se ha comprobado, no fue el haber sido revolucionario, nacionalista, antiimperialista y anticolonialista, sino que no lo fue consecuentemente, y hasta el fin. Su más craso error estratégico fue haber creído en el honor y la seriedad de quienes jamás le perdonaron haber dado conciencia de su dignidad, su independencia y soberanía a un pueblo del Tercer Mundo, afectando, de paso, las ganancias derivadas de la explotación inmisericorde de sus recursos naturales. Esas potencias del ayer, primero tomaron los millones que les proporcionaron los negocios que un iluso Gadhafi les facilitó, y luego tomaron la sangre de su pueblo, de su familia, y de él mismo. Y de paso aplastaron la independencia, la soberanía y el ejemplo de una revolución como la libia, para hacerse de nuevo con el dinero fácil derivado de la explotación de su petróleo.

No creo en la genialidad ni la omnipotencia de los staff creativos de las agencias de inteligencia del imperio. Son falibles, predecibles, aburridos y, frecuentemente, burdos. El caso libio lo demuestra. Ya sabemos que contra Gadhaffi y su pueblo se apandillaron, en obsceno compadrazgo, todos los poderes imperiales de la Tierra. Había que dar un ejemplo, a como diese lugar, y creen haberlo dado. Analicemos la leyenda que nos han intentado vender:

Un avión no tripulado yanqui, supuestamente, detectó el movimiento de los autos en que se retiraba de Sirte el líder libio. Los aviones de la OTAN habrían bombardeado la caravana, hiriéndolo levemente. El resto del cuento es conocido, incluyendo las imágenes de las turbas de hienas cobardes y linchadoras que acabaron con su vida. Hoy se sabe que los servicios de inteligencia alemanes conocían de su paradero exacto en Sirte, y que por lo tanto, no hacía falta esperar su retirada, ni un bombardeo. Tengo la firme convicción, derivada de mis estudios anteriores sobre las guerras culturales imperiales, el análisis de las estrategias mediáticas en el caso libio, y el conocimiento de la Historia, que lo que se nos ha presentado es una macabra y repugnante puesta en escena, un montaje mediático para cerrar el proceso de satanización de un líder tercermundista, concluyendo con lo que la CIA llamaba, desde los tiempos de la operación PBSUCESS, que en 1954 acabó con el gobierno de Jacobo Arbenz, en Guatemala, como ?asesination of charácter?.

El escenario y las circunstancias fueron cuidadosamente escogidos para lograr la humillación y el desprestigio de Gadhaffi y la desmovilización de sus seguidores. El problema a resolver por los staffs creativos del imperio, fervientes fanáticos de las operaciones simbólicas y culturales que caracterizan las Guerras de Cuarta Generación de nuestra época, fue el mismo al que se enfrentaron cuando la guerra de Iraq y la búsqueda de Saddam Hussein: cómo impedir que los líderes enemigos, una vez capturados o eventualmente asesinados, se conviertan en héroes y mártires, y en consecuencia, en factor de movilización de sus pueblos. La experiencia del Che, convertido en el símbolo rampante de las luchas antiimperialistas del pasado y el presente siglo, renacido de su muerte, pujante y combativo, les enseñó a cuidarse más de las batallas culturales que de las físicas.

Entonces llegó el final, digno de una ópera wagneriana, a fuerza de rotundo, oportuno, y sospechosamente perfecto: un Gadhaffi fugitivo, escondido en una alcantarilla, es detenido, aparentemente sin combatir, por su ?propio pueblo?, al grito de ?Alá es grande?. Fervorosos islamistas terminan haciendo ?justicia?, a pesar de los ruegos de clemencia del ?dictador? (que no se aprecian en ninguna de las versiones conocidas en video). Ya ha trascendido que fue, en realidad, capturado tras un combate sostenido con tropas especiales inglesas y qataríes, siendo luego servido en bandeja a la turba linchadora. Y como cierre, el tiro de gracia dado, supuestamente, por un joven fotogénico, símbolo de la ?Nueva Libia? pro-americana, y pro-colonialista, con una gorra de los New York Yanquees. Sin dudas, un guiño pícaro, intertextual, tipo Woody Allen; una especie de marca de autor de los coreógrafos de esta patraña.

Ya lo declararon las nuevas autoridades libias: no hubo autopsia del cadáver. Y para que todo quede perfecto, la ONU y Amnistía Internacional, en funciones de CSI imperiales, afirman que investigarán las circunstancias de estas muertes, o sea, que no pasará nada.

Llegado el momento, y no habrá que esperar mucho, toda la verdad se abrirá paso. El colonialismo y el imperialismo no han cambiado: son los mismos desde los tiempos de la Comuna de París, la República española, el Chile de Allende, o la Guatemala de Arbenz. Sus herramientas para subvertir y derrocar gobiernos siguen siendo, en esencia, los mismos, solo que ahora los pueblos disponen de herramientas difíciles de controlar: los celulares, las redes sociales, los medios alternativos, Internet? y su propia memoria y experiencia histórica enriquecida por la vida.

En Gadaffi, como en su momento con Lumumba, las potencias imperialistas y coloniales han saciado las más bestiales ansias de venganza y odio contra líderes africanos y tercermundistas, que osaron enfrentarlas. El mensaje es claro: no se permitirá la menor rebelión, el menor desacato, la más mínima resistencia, o lo que es lo mismo, queda prohibido, so pena de linchamiento y satanización eterna, toda medida que limite o corte el flujo de ganancias que nutre la avaricia insaciable del capital global.

Pero los imperios también aprenden de sus errores: el mismo día que se asesinaba cobardemente a Gadaffi, sin que se inmutaran los millones que en el mundo lloran cuando se tala un árbol en el Amazona, o matan una foca en el Ártico, Obama anunciaba,¡ oh que extraordinaria causalidad!, que comenzaba la retirada definitiva de sus tropas de Iraq. Una decisión polémica y peligrosa, oportunamente compensada, ante la opinión pública, con la euforia de ver, a uno de sus principales ?enemigos?, sufrir y morir humillado. Lo que Obama hizo es intentar cerrar, definitivamente, una peligrosa brecha, gracias a la cual el buque imperial, peligrosamente, hacía aguas: no la de los gastos de una guerra que no han podido, ni podrán ganar, sino la de las bajas norteamericanas que ha costado, y cuesta. Por eso en Libia la estrategia desestabilizadora fue diferente: ordenar el trabajo sucio a la OTAN, entregar $ 1100 millones de USD, que fue el aporte reconocido por el gobierno norteamericano a esta campaña, y no exponer hombres en el terreno. Al menos, no de tropas regulares, pues está por conocerse el accionar de unidades y oficiales de tropas especiales norteamericanas y europeas en suelo libio. De ahí que un eufórico Vicepresidente Biden, esa versión postmoderna del ?Hombre Invisible? en la Casa Blanca, haya declarado que Estados Unidos había logrado deshacerse de Gadhaffi ?? sin perder un solo soldado?

¿Cuáles son las lecciones que se desprenden del caso libio? ¿Qué cambios, en las tácticas, estrategias y en la propia mentalidad imperialista, expresan? ¿Qué significado tiene para el futuro de la democracia global, y especialmente, para los procesos políticos y los gobiernos progresistas y de izquierda que existen en América Latina?

En aras de la concisión, resumiremos nuestra opinión en los siguientes puntos:

1) La esencia del capitalismo global, y de los gobiernos imperialistas se mantiene inalterable en nuestra época: es la misma desde su surgimiento, y sigue guiando su relación con el Tercer Mundo. No es más humano, ni menos bárbaro, ni más democrático, ni más pacifista, ni menos ambicioso o explotador. En tiempos de crisis global, de decadencia del liderazgo norteamericano, de unipolaridad y pensamiento único, se está tornando más agresivo y menos interesado en ocultar esas esencias, dejando a un lado las hojas de parra con las que se cubrió en tiempos de la Guerra Fría, a saber, la supuesta defensa de la libertad, de la cultura occidental y de la democracia.

2) Si bien las experiencias fallidas de Iraq y Afganistán frenaron, hasta ahora, el despliegue definitivo y total del proyecto neoconservador de contraofensiva del capitalismo, y la aplicación de un programa de contrainsurgencia universal, o de contrarrevolución a escala planetaria contenido en el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, de 1997, los apremios de la realidad y las nuevas experiencias desestabilizadoras, basadas, primero, en el modelo de la teoría y la práctica del ?Soft and Smart Power?, del que Obama es el paradigma, y en la cooptación de las llamadas ?revueltas o revoluciones democráticas?, iniciadas en Túnez y Egipto, son testimonio de que tales planes, lejos de haber sido desechados, han sido reciclados y están siendo puestos en vigor, de manera planificada y sistemática, como demuestra el caso libio. Estados Unidos acaba de anunciar la retirada ?temporal? de su Embajador en Siria, debido a ?amenazas recibidas?, lo cual indica, con antelación, donde presenciaremos el siguiente capítulo de este folletín macabro.

3) Libia pone sobre el tapete un elemento de suma peligrosidad: la derrota transitoria de una revolución antiimperialista y anticolonialista por una contrarrevolución que se sueña de nuevo tipo, sin serlo, apoyada en poderes hegemónicos extranjeros, y llevada a cabo de manera aséptica, a un costo irrisorio para estos. Al menos, en su versión mediática, que como es sabido, está en las antípodas de la realidad y la verdad. Si nos remontamos a la historia del Siglo XX, algo similar sucedió en 1953 en Irán, cuando la CIA norteamericana y el gobierno británico, mediante la entonces novedosa y creativa operación PBAJAX, lograron el derrocamiento del gobierno nacionalista de Mossadegh. Alentados por lo que consideraron una operación desestabilizadora perfecta, la saga continuó al año siguiente con el derrocamiento de Arbenz, luego de Perón, Juan Bosch y así, sucesivamente, hasta llegar al derrocamiento de Allende, en 1973. Aquí la maquinaria se detuvo, urgida de ajustes, por el elevado costo político que implicó esta última operación. Lo sucedido en Libia, y la inercia del pensamiento instrumental imperial preludian la repetición del nuevo esquema, primero en otros países del Oriente Medio y África (Siria, Yemen, Irán) y luego, en otras regiones del mundo, especialmente en América Latina (Cuba, Venezuela, Nicaragua. Ecuador). El tímido y chapucero intento, en el caso del golpe de estado en Honduras, promete regresar acrecentado y con olor a ?rebelión popular o de sociedad civil indignada?.

Debe recordarse que, bajo la ?cruel tiranía de Gadhaffi?, esa misma Libia martirizada y reducida a cenizas por la ?liberación democratizadora? de la OTAN y Estados Unidos, pasó de ser uno de los países más pobres de África al que más alto nivel de vida brindaba a sus habitantes. Datos que aún pueden consultarse en los reportes anuales de la OMS, la ONU y la UNESCO, lo señalan como poseedor de 2 décimas por encima de los países con más alto Indice de Desarrollo Humano del mundo; con una tasa de escolarización superior al 89%, y con una esperanza de vida de 75 años. Y eso, para los estándares habituales que presentan las empobrecidas naciones africanas, son datos muy relevantes.

Precisamente, el haberlo logrado, a pesar de la hostilidad abierta del imperialismo y el colonialismo, y constituir un ejemplo de que se puede escapar del infierno a que la explotación de los países del Tercer Mundo condena a sus pueblos, es una de las razones que explican la saña con que se ha barrido de la faz de la tierra los frutos de décadas de trabajo abnegado del pueblo libio.

4) El modus operandi imperial es obvio y repetitivo: mediante la diplomacia pública y las operaciones encubiertas de aliento a la subversión en países ?hostiles?, con los que, a pesar de todo, se mantiene relaciones diplomáticas, se va logrando construir una constelación de satélites que comienzan a girar en la órbita escogida, siempre alimentados por los generosos donativos de organismos y organizaciones internacionales no gubernamentales. La sociedad civil es alentada y dirigida, financiada y politizada; las campañas que despliegan y hasta las consignas y símbolos de sus protestas son generados en los laboratorios culturales imperiales, recibiendo, de inmediato, la más amplia cobertura mediática. De esta manera se fabrican ?héroes y mártires?, cuyas demandas se sintonizan, cuidadosamente, con la sensibilidad occidental. Se dota a este engendro antinatural, nacido por manipulación genética, de un look glamoroso, joven, libertario, democrático, femenino y plural, distendido y simpático, siempre pro-norteamericano y pro-occidental, en contraposición a los regímenes a los que se oponen, que son satanizados de manera sistemática e inmisericorde, y presentadas como bárbaras dictaduras en manos de crueles tiranos, cuyo tiempo histórico ya ha pasado. Para esto último, los poderes imperiales disponen de enormes recursos y un gran arsenal creativo, además de las herramientas que recomiendan ideólogos como Joseph Nye(promotor del ?Soft and Smart Power?) o estrategas como Martin Van Cleveld, Thomas X. Hammes y William S. Lind(promotores de la teoría de las Guerras de Cuarta Generación).

5) La mentalidad contrainsurgente imperial, la misma que se destina para lidiar contra las revoluciones, los gobiernos, pueblos, partidos y movimientos políticos, redes y grupos sociales, y simples personas ?diferentes?, o sea que no aceptan pasivamente las reglas del mundo unipolar y de pensamiento único, ha ido avanzando hacia una nueva concepción de lucha. Esta parte de la utilización de tácticas y estrategias revolucionarias del pasado, vaciadas de su contenido revolucionario original, invertidas, cambiadas de signo y, finalmente, utilizadas contra las propias revoluciones con un nuevo carácter: el de contrarrevoluciones restauradoras con ropaje liberal y progresista y un glamoroso look juvenil, precursoras de un acceso irrestricto y jubiloso al consumo capitalista, a las nuevas tecnologías y al mundo global.

¿Qué son las importadas ?Damas de Blanco?, en Cuba, sino la imagen invertida y con signo contrario, pero con tácticas de lucha similares, de las gloriosas ?Madres de la Plaza de Mayo?, de Argentina?

¿Qué son estos ?Freedom Fighters? libios, posando para las obsequiosas cámaras de Occidente, en poses de Rambo y luciendo equipos militares relucientes y uniformes impecables, sino las versiones imperiales de los jóvenes palestinos de la Intifada, que pelean con piedras, y a pecho limpio, contra la ocupación israelí?

Nunca antes, como en las más modernas versiones de la teoría de la contrainsurgencia imperialista y las Guerras de Cuarta Generación, los servidores del capitalismo global han prestado tanta atención a la importancia de la cultura, los símbolos y las ideas. ¿No suena conocido esto?

6) El arsenal de validación imperialista de operaciones subversivas e injerencistas, como la de Libia, ha variado con los tiempos. Ya no puede hablarse de ?Amenaza Roja?, ni del ?Oro de Moscú?. También las sociedades humanas son más cultas y están mejor informadas, incluso, y a pesar de los pesares, hay mucho más canales universales de información independiente en Internet, por ejemplo, de los que jamás hubo. Las redes sociales permiten movilizaciones físicas y de opinión, en tiempo real, por ello las operaciones culturales preparatorias y justificativas de cada zarpazo imperialista tienen que estar envueltas en glamorosos ropajes postmodernos. Deben ostentar un evidente aire universal, y actuar con la rotundez de quien actúa siguiendo los cánones de una ciencia constituida y generalmente aceptada. Por eso es esencial, con mucha antelación, disponer de un arsenal teórico con el que se hay machacado la sensibilidad de la opinión pública, imponiendo modelos de juicio y valores que anteceden a los bombardeos y la matanza.

Algunas de estas nuevas herramientas teóricas imperiales son:

1) El pensamiento único y lo políticamente correcto.

2) La sacralización fundamentalista y unilateral de los derechos humanos, en detrimento de otros derechos, no menos universales, como los derechos sociales, ecológicos, a la diversidad cultural, etc.

3) La teoría de los ?Estados fallidos?, los ?Estados delincuentes? , las ?intervenciones humanitarias?, y la fábula del ?Caos creativo y el Nation Building?, ambas concepciones asentadas en la farsa de la ?excepcionalidad norteamericana?.

4) La constelación de reportes y certificaciones de ?buena conducta? a los demás países y Estados, en materias tan diversas como la lucha contra las drogas, el tráfico de personas o la ?libertad económica?, cuya misión esencial es sembrar matrices de opinión, aislar y satanizar a las naciones que se oponen a los designios imperiales, para, en su momento, atacarlas, así como también ?premiar? a sus aliados.

La tarea de definir, fertilizar y promover estas matrices de opinión corresponde a la bien posesionada red de instituciones académicas y tanques pensantes que actúa como una jauría de perros de Pavlov, siempre presta a reaccionar al tintineo de las monedas del imperio y el capitalismo global. Estas se encargan de silenciar el debate verdadero y fomentar el debate falso. Rand Corporation, Heritage Foundation, American Enterprise Institute, Brooklyn Institution, Cato Institute, por solo poner algunos ejemplos del mundo anglosajón, son muestra elocuente de ello. En el mundo hispanohablante, la patética versión flamenca de sus mayores norteamericanos, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) del señorito Aznar. Los grandes medios erigen en paradigmas científicos, convierten en oráculos inapelables y en verdades reveladas toda la pacotilla ideológica que se produce en estas maquilas de la estafa global.

Contra estos viejos y nuevos planes y métodos del imperialismo global en su actual etapa de ?Pacificación definitiva del planeta?, las fuerzas revolucionarias y progresistas deben y pueden oponer, además de frenos de otro tipo, una barrera cultural y de ideas. No son omnipotentes, a pesar de su poderío militar. No son infalibles, a pesar de su tecnología. No son invencibles, a pesar de sus millones. América Latina lo está demostrando con el afianzamiento de sus procesos alternativos, y en las condiciones actuales, en ello radica su fortaleza y su riesgo. Los imperialistas pueden perdonar, quizás y muy remotamente, a un oponente militar, pero con su sensible olfato clasista y su experiencia histórica, jamás perdonan a quien promueva símbolos, ideas, esperanzas, razones y una cultura que tenga, como horizonte de arribo, a un nuevo mundo, posible y mejor. El ensañamiento contra Lumumba, el Che, Allende y ahora Gadhaffi, y contra el ejemplo de la Revolución cubana, así lo demuestra.

En estas circunstancias, resuenan con vigencia renovada aquellas palabras del Che, precisamente pronunciadas tras los monstruosos crímenes en el Congo, del colonialismo belga y el imperialismo yanqui: ?No se puede confiar en el imperialismo, ni tantito así:¡ nada!?.

Aunque venga ataviado con una hermosa sonrisa en la tez oscura de Barack Obama.

Fuente: Cubadebate

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Final de tiranos.


Los finales

alcantarilla
Imagen tomada de elpais.com
Ceausescu se iba en su helicóptero, Sadam Husein se ocultaba en un hueco, el tunecino Ben Alí huyó al exilio, Gadafi se fugaba en un convoy y terminó escondido en un desagüe. Los autócratas escapan, se van, no se inmolan en los palacios desde los que dictaban sus arbitrarias leyes; no mueren sentados en las sillas presidenciales con la banda de tela roja cruzándoles el pecho. Siempre tienen una puerta escondida, un pasadizo secreto por el que se escabullen cuando sienten el peligro. Por décadas construyen su búnker secreto, su “punto cero” blindado o su refugio bajo tierra, pues temen que ese mismo pueblo que los aplaude en las plazas puede ir a por ellos cuando les pierda el miedo. En las pesadillas de los dictadores, los demonios son sus súbditos, los abismos toman forma de turbas que quieren derribar sus estatuas, escupir sobre sus fotos. Estos señores despóticos sufren de un sueño ligero por estar atentos a los gritos, a los golpes contra su puerta… viven –de presagiarla– muchas veces su propia muerte.
Me hubiera gustado ver a Muamar el Gadafi frente a un tribunal, encausado por los crímenes que cometió contra su país. Creo que la muerte violenta de los sátrapas sólo les otorga un halo de martirio que no merecen. Deben quedar vivos para escuchar el testimonio público de sus víctimas, ver a sus países marchar sin el estorbo que ellos representaban y comprobar la veleidad de los oportunistas que un día los apoyaron. Deben sobrevivir para presenciar el desmontaje de la falsa historia que reescribieron, observar como las nuevas generaciones empiezan a olvidarlos y recibir sobre sí la diatriba, el escarnio, la crítica más feroz. Linchar a un déspota es salvarlo, otorgarle una puerta de salida casi gloriosa que le evita el castigo perdurable de ser juzgado ante la ley.
Continuar el ciclo de la crispación que estos tiranos han sembrado en nuestras naciones resulta extremadamente peligroso. Matarlos porque han matado, agredirlos porque nos han agredido, prolonga la violencia y nos convierte en seres como ellos. Ahora que las imágenes de un Gadafi ensangrentado y balbuceante recorren el mundo, no hay un solo totalitario que no se mire asustado en el espejo de ese final. Por estos días, las órdenes de reforzar los túneles secretos y de ampliar los planes de fuga deben rondar por más de un palacio presidencial. Pero cuidado, los dictadores tienen muchas formas de escapársenos y una de ellas es la muerte. Mejor que sobrevivan, que se queden y así comprobarán que ni la historia ni sus pueblos los absuelven jamás.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Entrevista al ex dirigente del MIR de Chile, Andrés Pascal Allende.

LIBIA

"Gaddafi envió armas al MIR"

El fundador y ex secretario general del MIR relata los estrechos vínculos que mantuvo el movimiento insurgente con el ex líder libio, quien les proporcionó dinero para la lucha armada en Chile.
por Francisco Artaza

 
Andrés Pascal Allende, uno de los fundadores y ex secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, no oculta su rabia por el trágico desenlace de Muammar Gaddafi. Entre 1977 y mediados de los 80, el sociólogo y revolucionario chileno estuvo cinco veces en Libia, reunido con el coronel Gaddafi, en momentos en que el MIR preparaba la llamada Operación Retorno.
Se trataba del frustrado regreso clandestino de combatientes para relanzar la resistencia a la dictadura militar. El asesinado líder libio le entregó dinero y armas al MIR y respaldó decididamente la lucha gerrillera en Latinoamérica.
Por muchos años se negó a hablar sobre la relación del MIR con Gaddafi, ¿por qué lo hace ahora?
Me parecía que no era atingente. Libia había dado un viraje político y la relación había terminado. Pero cuando vi la forma en que mataron a Gaddafi, sin respetar ningún derecho humano ni justicia, los mismos valores con que se llenan la boca quienes propiciaron esta guerra, llevaron adelante los bombardeos y financiaron a mercenarios, me indigné. Debo reconocer que tengo aprecio por la figura de Gaddafi, más allá de las diferencias políticas que teníamos, sus excentricidades, debe reconocérsele el papel histórico que jugó.
¿Es efectivo que llegó a Gaddafi gracias a la ayuda del ex Presidente socialista francés François Mitterrand?
No. Mitterrand ayudó mucho al MIR, teníamos un pacto con él, bajo el compromiso de no realizar acciones en Europa, el Presidente Mitterrand dispuso que los franceses nos enseñaran sistemas de comunicación encriptados y nos permitió pasar clandestinamente por Francia. No, a Gaddafi lo conocí gracias a la ayuda de Cuba. En La Habana había una embajada de Libia, con ellos hice los contactos. Había leído el Libro Verde de Gaddafi y me llamaban la atención sus ideas de una revolución sustentada con un sentido tribal, comunitario.
Además, sabía que él estaba interesado en ayudar las luchas de movimientos insurgentes en otros continentes. El MIR en esos momentos estaba muy golpeado, necesitábamos remontar la lucha contra la dictadura, para eso necesitaba la ayuda de Gaddafi y no me equivoqué.
¿Qué recuerda de la primera vez que fue a Libia?
Fue el 1 de septiembre de 1977, para la celebración del día de la revolución libia. Entre las muchas actividades, hubo una representación del avance de la caballería en una batalla. Todos íban vestidos a la usanza tradicional y mientras cabalgaban disparaban al aire sus fusiles y gritaban. El ministro de Relaciones Exteriores de Libia me mandó a preguntar si quería montar a caballo en la celebración. Acepté y partí a todo galope. Gaddafi se fijó en mí y preguntó quién era, le dijeron que era un dirigente revolucionario chileno, que era sobrino del Presidente Allende. Todo eso me dio puntos para poder entablar después una relación más directa con él.
¿Qué le llamó la atención de él?
Me pareció un hombre solitario. A pesar de su liderazgo era un hombre muy solo, tímido también. Marcelo Calfuquir, el compañero del MIR que dejamos en Libia como "embajador informal" por siete años, dice que Gaddafi era un hombre desconfiado. Tal vez por eso se apoyó tanto al final en su familia, algo que fue mal aprovechado por sus hijos para agarrar poder. Gaddafi tuvo simpatía hacia el MIR, nos brindó apoyo entre el año 1977 hasta los 80. El simpatizó con las luchas de liberación nacional que se dieron en Africa, Medio Oriente y también en América Latina.
¿Cómo fue su segundo encuentro con Gaddafi?
Recuerdo el cariño con que me recibió. Aunque nunca abandonó su postura de jerarca, fue muy afectuoso conmigo. Habíamos organizado un encuentro de la izquierda chilena en Bengasi, al que asistió la Tencha Allende, José Miguel Insulza, Luis Maira, Benjamín Teplizki, en fin, todos los dirigentes de Chile Democrático. El objetivo, obviamente, era recaudar fondos. Al término del encuentro nos llevaron a un grupo a Trípoli, para una reunión con Gaddafi en el palacio de gobierno. Estábamos en un salón muy grande. Gaddafi nos hablaba en árabe, con un traductor al español. Fue una reunión formal, en la que se le pidió apoyo para la lucha en Chile y él nos dijo que sí. Cuando nos íbamos, Gaddafi me mandó a llamar. Me hicieron pasar a un salón pequeño donde estaba él, le hablé directo en inglés. Le conté en qué estaba el MIR, lo que pensábamos hacer, le dije que necesitábamos dinero y armas. El me dijo: me comprometo a ayudarlos.
Volvería a verlo poco tiempo después.
Sí, a fines de los 70 volví a Libia, invitado por Gaddafi. Iba acompañado de dirigentes de organizaciones insurgentes latinoamericanas. Había compañeros del M19 colombiano, del PRT argentino, bolivianos, fuimos siete u ocho a hablar con Gaddafi, de las luchas que cada uno de nosotros estaba llevando adelante. Llegamos a Trípoli y como Gaddafi no estaba en la ciudad, nos llevaron en avión a una base aérea en pleno desierto. Ahí estaba Gaddafi viviendo en una carpa. Se habla mucho de los lujosos palacios de Gaddafi, pero nunca vi uno de esos palacios y eso que una vez me llevó a su propia casa. El único lujo medio excéntrico que le conocí era el vestir. Le gustaba ser exuberante, usar capas beduinas negras con ribetes dorados. Ese día estuvimos hasta muy tarde conversando. Nos quedamos a dormir al lado de la carpa de él.
¿Cómo fue el trato que les dio?
Al día siguiente, los guardias nos despertaron muy temprano. "El líder los está esperando", nos dijeron. Salímos y había tres Mercedes Benz negros estacionados; en el primero de ellos estaba Gaddafi. Nosotros subimos en los otros vehículos y partimos por una carretera por el desierto. La comitiva la completaban varios jeep de escoltas. De pronto, Gaddafi detuvo su auto, se bajó, caminó por las dunas, tiró su alfombra al suelo y se puso a orar. Nosotros nos quedamos esperando callados, con respeto. Cuando terminó de rezar, bajó y llamó a los jeep que venían de escolta. Nos pidió que subiéramos a esos autos. Gaddafi tomó el volante de uno de los jeep y me dice Pascal, ven conmigo en el jeep. Seguímos unos 15 minutos por la carretera y después, por pleno desierto, avanzando por las dunas. Fue muy extraño, lo que él quería era que conociéramos el desierto, cómo era el lugar de dónde él era. Era un apasionado de su tierra, paraba cuando veía una planta y me decía: "Ves que en el desierto también crece la vida. Esta planta sirve para la ovejas", esta otra para tal cosa y así me iba mostrando lo que había en el desierto. De pronto para y se baja, de inmediato los jeep escoltas con metralletas antiaéreas lo rodean. El se sienta en la arena y nos invita a acompañarlo. Traen una bandeja con comida y comenzamos a conversar en inglés. Gaddafi me había pedido que me sentara junto a él, cortó un trozo de carne de cordero con sus manos y me lo da en la boca. "Come", me dijo. Ese es el mayor gesto de aprecio que puede expresarte un árabe, más aún un líder. Gaddafi dijo que faltaba música. Pensé que llevarían un tremendo equipo, nada, le llevaron una pequeña radio a pilas, vieja, incluso Gaddafi tenía que golpearla para que sonara mejor. Cuando estaba en sus actos oficiales se comportaba como un faraón, pero cuando estaba en una reunión más íntima, resultaba un tipo tremendamente accesible y simple. Nos quedamos todo el día con él en el desierto.
¿Es efectivo que Gaddafi se sintió defraudado de los movimientos de izquierda chilena que iban a buscar dinero, pero no estaban comprometidos directamente con la lucha armada?
Sí. El no se sentía identificado con ellos, aunque igual iban a pedirle dinero. Gaddafi se sentía mucho más identificado con lo que estaba haciendo el MIR. Nosostros no sólo hablamos de dinero y de armas, tuvimos largas conversaciones políticas, le contaba qué estábamos haciendo, que pensábamos. Además, nuestro pedido era muy concreto. Yo le pedí que ayudara al MIR a montar la Operación Retorno, el regreso de compañeros nuestros a Chile. Con ese mismo fin le pedí derechamente armas.
¿Qué sabía de lo que ocurría en Chile y América Latina?
Muy poco. Estamos hablando de fines de los años 70, cuando estaba comenzando a desarrollarse una serie de movimientos insurgentes. Gaddafi sabía algo de la revolución cubana, sabía del derrocamiento de Allende, pero no tenía un conocimiento muy profundo. Pero estaba muy abierto a aprender. Cuando fuimos con este grupo de dirigentes de movimientos guerrilleros latinoamericanos, pasó la noche preguntándonos cosas, cómo era la realidad de cada país, la geografía, las movilizaciones sociales.
¿Por qué cree que Gaddafi se interesó en apoyar al MIR y a la guerrilla latinoamericana?
El lo veía como parte de la lucha antimperialista. Le interesaba alentar el surgimiento de movimientos de liberación nacional. Gaddafi tenía un sentido ideológico muy fuerte. El buscaba tener influencia internacional. Gaddafi no era un alineado de las políticas moscovitas y veía con simpatía estos movimientos de liberación en América Latina, que no estaban alineados completamente con Moscú y que se enfrentaban a Estados Unidos.
¿Libia fue clave para la Operación Retorno del MIR?
Libia fue un apoyo importante. Pero el respaldo fundamental, sin duda, fue de Cuba. El grueso de nuestros compañeros lo preparamos en Cuba, allá se hizo la documentación falsa para que pudieran viajar por el mundo e ingresar clandestinos a Chile. El grueso de las armas del MIR las entregó Cuba. Eso no implica que Libia nos mandara armas. Gaddafi cumplió su compromiso y conforme a lo que yo le había pedido, envió un barco con armas occidentales a Cuba. El cargamento llegó en 1979, justo en momentos en que los sandinistas iniciaban el asalto final contra Somoza y la guerrilla salvadoreña estaba en un momento clave de su desarrollo. Por decisión de los cubanos, las armas que Gaddafi envió al MIR se fueron a alimentar a los movimientos centroamericanos.
¿Hubo otros cargamentos de armas?

Según Marcelo Calfuquir, el "embajador" del MIR en Libia, Gaddafi envió cuatro aviones cargados con armas destinadas a los grupos guerrilleros latinoamericanos, uno destinado al MIR, los que fueron capturados en Brasil.
Desconozco esa operación. El MIR nunca autorizó el envío de armas por esa vía, menos por Brasil. Las armas las recibíamos por barcos, en el Pacífico, otras por Bolivia. Puede que al principio llegaran algunas armas libias, pero el grueso del armamento venía de Cuba.
¿Fue más importante el apoyo financiero de Gaddafi?
Sí. No sé exactamente cuánto dinero envió Gaddafi al MIR, en ese tiempo estaba clandestino. Pero sí envió. No estamos hablando de millones de dólares. No fue un chorro de dinero, como se piensa. Eran partidas de 200 ó 300 mil dólares. Los recursos financieros del MIR en esos años (77 a 85) venían principalmente de la solidaridad europea, Australia, Canadá. Otra cosa en la que ayudó Gaddafi fue en facilitar nuestros contactos políticos en Africa y Medio Oriente.
¿En uno de sus encuentros con Gaddafi, el líder libio ofreció armar un ejército de dos mil hombres, que viniera a combatir en Chile?
Gaddafi entregó armas suficientes como para apertrechar un contingente así de significativo. El se comprometió también a formar militarmente combatientes latinoamericanos. El MIR y otros grupos como el PRT argentino aceptamos esa oferta de instrucción y enviamos grupos. Pero la verdad es que el nivel de instrucción de los libios no era muy bueno. Se les enseñaban tácticas de combate individual, cómo formar una escuadra, era todo muy básico. Tanto que tuvimos que pedirle al jefe del grupo argentino PRT, el "Capitán Santiago" que había ido a Libia, que se encargara de la formación del segundo grupo de chilenos. El sabía más que los militares libios. El ejército libio tenía un armamento importante, pero dudo que haya tenido la capacidad militar para llevar adelante una guerra.
Los miristas chilenos que viajaron a Libia estuvieron seis meses en un regimiento en Tobruk,

¿Gaddafi los visitó en alguna oportunidad?

No, pero en una ocasión, en la que estuve presente, los chilenos, junto a los argentinos y a otros gerrilleros latinoamericanos y africanos, que se estaban formando en Libia, armaron un batallón de internacionalistas y participaron en un desfile del ejército libio ante Gaddafi. Cuando pasaron frente a la tribuna, pude ver la satisfacción de Gaddafi. Estaba feliz de poder mostrarlos.
¿Qué fue de esos combatientes?
Algunos regresaron clandestinamente a Chile. Pero le insisto, Libia no fue un centro importante de formación de combatientes del MIR. Nosotros formamos fundamentalmente gente en Cuba. También tuvimos un curso de estrategia político militar en Vietnam, al que yo asistí y que fue extraordinario, porque lo daban los generales que habían participado en la guerra de Vietnam, era por así decirlo un magíster, al que fueron 15 ó 20 cuadros que ya tenían preparación y que cumplirían roles dirigenciales. También mandamos a un grupo pequeño de compañeros a Corea del Norte, para que aprendieran tácticas de guerra en condiciones extremas, bajo nieve y frío, pues nuestro plan de lucha y resistencia en Chile contemplaba disponer de zonas de repliegue para constituir una fuerza de combate permanente en las zonas cordilleranas de Neltume y Nahuelbuta, donde en invierno había mucha nieve y frío. Por eso pensamos en Corea del Norte. En esa operación intervino directamente Fidel Castro, para lograr que los coreanos nos recibieran. A mí me tocó ir primero, a "armar el convenio" con los coreanos. Pero fue un grupo pequeño, no más de 10 compañeros.
¿Cuánta gente alcanzó a formar militarmente el MIR en Cuba, Libia, Vietnam y Corea del Norte?
Aproximadamente, mil personas. Pasaban por distintos tipos de escuelas, algunos en técnicas de comunicación, otros en armamento casero, otros eran de cuadros políticos.
¿A cambio de la ayuda al MIR, Gadaffi les pidió ser el nexo entre Libia y los movimientos latinoamericanos?
Gaddafi nunca nos pidió algo a cambio, nunca nos dio una instrucción o nos dijo ustedes deben hacer tal o cual cosa. Si fuimos el nexo, esto se dio por las propias circunstancias. Porque los del MIR fuimos los primeros en ir a Trípoli, fuimos el único movimiento que mandó a un compañero a vivir a Libia, que fue Marcelo Calfuquir, quien era nuestro embajador. Nosotros teníamos una concepción latinoamericanista de la lucha, no es casual que hubiéramos formado la Junta Coordinadora Revolucionaria. El MIR manejó las redes logísticas desde México a Guatemala, pero lo hacíamos por nuestras redes de hermandad con los movimientos revolucionarios centroamericanos. Pero cada movimiento hacía sus propios compromisos con Gaddafi. El MIR nunca estuvo al servicio de Libia.
¿Cuántas veces estuvo con Gaddafi?

No muchas, unas cinco veces. En una oportunidad, Gaddafi me invitó a la inauguración del "Gran Río", una obra impresionante. Debajo del desierto libio hay lagos subterráneos de agua dulce. Con las mismas técnicas de perforación petrolífera, los libios sacaron el agua y la canalizaron hacia la zona costera, donde realizó un programa de reforma agraria. Para Gaddafi era un momento muy significativo. Para un beduino, para quien un oasis es algo mágico, poder construir un río y cultivar el desierto era algo tremendo.
¿Cómo se cortó el nexo con el MIR?
A fines de los 80, tras la caída del bloque socialista, Gaddafi, en una táctica de sobrevivencia, da un giro en su política exterior y de alianzas y se acerca a Europa y a Occidente. Además, para entonces, el MIR ya no existía como organización y había terminado la lucha armada. Además, yo no era amigo personal de Gaddafi, lo que teníamos era una relación política. Por eso, no volvimos más a Libia.
¿Qué representa para usted Gaddafi?
Fue el constructor de Libia como nación, un territorio que a lo largo de su historia estuvo sometido a invasiones extranjeras. Y lo hace logrando el complejo entendimiento de las diversas tribus que hay en el país. El transformó a Libia en la nación árabe con mayor grado de alfabetización, mediante un sistema de educación totalmente gratuito. Mediante la nacionalización del 51% de las empresas libias, Gaddafi obtuvo enormes riquezas, que distribuyó en su pueblo, obviamente hubo corrupción, eso no se puede negar. Gaddafi, además, construyó una república laica y resistió el fundamentalismo musulmán, pese a que la mayoría de los libios son musulmanes sunitas, una de las ramas más radicales del islamismo. Lo hizo, siendo él mismo un hombre religioso. Recuerdo, en una ocasión, cuando estábamos en el desierto, haberlo visto bajarse del automóvil, caminar hacia una duna, extender una alfombra y ponerse a orar. Ahora, el gobierno de transición ha declarado que va a adoptar la Sharia, la ley islámica, eso no sólo será un retroceso en la región, también abre enormes interrogantes sobre los riesgos futuros que puede tener para EE.UU. el haber colaborado en derribar a Gaddafi. Otra cosa destacable para mí fue el papel que le dio a la mujer. Muchos han visto como una muestra de excentricidad el que tuviera una guardia de amazonas, sin entender el tremendo simbolismo que tenía esto en un país árabe.
¿Qué visión tiene respecto de los dirigentes de izquierda que fueron a buscar ayuda a Libia y posteriormente, han tomado distancia de Gaddafi?
Por supuesto que me choca. Muchos dirigentes de movimientos socialdemócratas tuvieron relación y buscaron el apoyo de Gaddafi y ahora le dan la espalda. 

La muerte de un soldado.

LIBIA

Capitán Eloy Villacrez R.
(desde Perú)

La noticia internacional de hace días anunciaba que el soldado Libio Muamar El Gadafi murió asesinado siendo prisionero de guerra, los acontecimientos políticos militares que originaron estos hechos  en Libia, serán tratados en otro artículo más extenso, esta carta es solamente un saludo a un guerrero que amó más a su patria que a su vida.

Realmente no se conocen las ?atrocidades? cometidas por este soldado. Se sabe que creó una nueva dinámica de gobierno desde el día mismo que derrocó (1969) a esa entelequia denominada casa real de SM  Idris, creada artificialmente por el Imperio Británico, para mantener bajo su control a Libia, siguiendo la metodología aplicada a un sinnúmero de ex colonias en los diferentes continentes.

Esta carta no es un análisis del gobierno de la Yamahiria (socialismo árabe) que instauró Muamar El Gadafi,  es simplemente relievar la conducta de un soldado que empeño su palabra y dio la vida por su patria, defendiendo la idea de lograr el desarrollo con una metodología propia muy particular, favoreciendo a su pueblo, alcanzò de esta manera  el nivel más alto de ingresos per cápita en el África, habiendo partido de ser el país más atrasado. Hoy al menos casi no hay analfabetismo y la tierra cultivable  se incrementó en un millón de nuevas hectáreas cultivadas con tecnología hídrica de punta, hay un elevado proceso de educación y la riqueza petrolera la usufructúan .todos al recibir tierra, vivienda, salud y educación gratuita.

Ahora cuando las transnacionales ?recuperen? los pozos de petróleo que perdieron con la nacionalización, volverá a ser Libia como todos los países occidentales, la riqueza para unos pocos y el pueblo deberá ?pagar? su consumo como es ?lo normal? en nuestro medio.

Es importante comprender que en el esfuerzo por defender su concepto gubernamental, El Gadafi  involucró a la familia, casi todos sus hijos murieron defendiendo la causa, no hubo uno de sus familiares directos que sea un tránsfuga y eso se debe reconocer por encima de las diferencias.

De  esta manera dolorosa se forja la historia con el esfuerzo de sus guerreros y de todos los que aman su paìs, que ofrendan su vida defendiendo una causa.

Aún recuerdo algunas palabras pronunciadas por personas cercanas al General Velasco, cuando el grave aneurisma lo afectó y tuvieron que amputarle la pierna, que luego sería la razón real y concreta de su fallecimiento. Se comentaba  que debería dejar la presidencia para que tenga algunos años más de vida, cuando se enteró de esta intención, dijo muy claramente que "era un soldado y su victoria".