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viernes, 9 de diciembre de 2011

Yo contraje la “enfermedad de la hamburguesa” (E-Coli) cuando tenía 16 semanas de embarazo.


Posted: 07 Dec 2011 10:16 PM PST
Redacción LifeSiteNews
8 de diciembre 2011 (Notifam) – Nosotros podemos aprender de historias como ésta.
Una carta al editor de LifeSiteNews - en respuesta al artículo sobre la historia personal de Erika Vandiveer:
Yo contraje la “enfermedad de la hamburguesa” (E-Coli) cuando tenía 16 semanas de embarazo. Sufrí un amenazador efecto secundario llamado síndrome hemolítico urémico (SHU). El obstetra me dijo que el embarazo había disminuido mi sistema inmunológico y que efectuarme un aborto era mi única esperanza de supervivencia. Ni mi marido ni yo estábamos abiertos a este tipo de intervención.
El joven párroco llamó por teléfono a dos obispos para confirmar a los médicos que no se “toma una vida para salvar una vida”. Uno de los obispos también se hizo tiempo para contactar a un nefrólogo en su ciudad. Él le dijo al sacerdote que le dijera a esa mujer que ellos no pueden decir con absoluta certeza que ella va a morir.
Después de recibir la unción de los enfermos por parte de nuestro párroco, el nefrólogo pasó la noche haciendo una transfusión de sangre antes de evacuarme a un hospital más grande en el que yo pudiera ser puesta en diálisis renal. Una de las primeras cosas que hicieron fue darme una ecografía – y el técnico me dijo que debido a la etapa de gestación los principales órganos de mi bebé estaban bien. ¡Fue un alivio oír eso! Él también confirmó mi etapa de gestación de 16 semanas.
El obstetra anterior, probablemente en un esfuerzo por salvar mi vida, había tratado de convencerme que tenía 20 semanas de gestación y que se podía hacer un “parto temprano”, el cual no se registraría como un aborto. ¡Nuestro uso de la planificación familiar natural me hizo capaz de sentirme segura en mi cálculo de la edad de mi bebé! Mi bebé de 16 semanas no tendría ninguna posibilidad real de supervivencia.
Según el ginecólogo, la tarde en que fui puesta en diálisis de los riñones estaba casi en estado de coma. Yo sabía que había perdido la capacidad de hablar, sólo podía susurrar, y que había otros signos que mostraban que yo estaba cerca de la muerte. Después de 3 días en la UCI, me llevaron a la sala de operaciones, desde donde fue llevada a la sala renal, donde seis días a la semana tendría 6 horas de diálisis renal. El capellán del hospital me había dado una novena del Sagrado Corazón de Jesús para orar. ¡El día después de terminar la novena, para sorpresa de todos, mi riñón había vuelto a funcionar, luego de haber estado 5 semanas sin funcionar!
Esa misma noche yo estaba comiendo en la cafetería del hospital y me mudé a un apartamento cercano, así pude volver por los análisis de sangre que confirmaron mi buen estado de salud. Al final de la semana, volví a casa en coche y a mi rutina habitual. Como dijo mi médico de familia: ¡“su recuperación es el resultado de la fe y la ciencia!”.
Desde entonces he descubierto que las mujeres embarazadas que padecen el síndrome urémico hemolítico y que abortan tienen más probabilidades de morir. La muerte a causa de este síndrome sigue siendo alta.
El bebé tiene ahora treinta años, en perfecto estado de salud mental, corporal e intelectual. Él trabaja en la industria de análisis de alimentos, por lo que quizás ha ayudado a otros a no contagiarse de la temida “enfermedad de la hamburguesa” que casi le cuesta la vida a él y a su madre.
Barbara Gobbi, Columbia Británica, Canadá.
Traducción por José Arturo Quarracino
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